Un lienzo cargado de historia

En esta obra, Ángel Pina Nortes muestra su gran capacidad para representar la historia de Murcia. Con su característico dominio del color y una pincelada enérgica, ofrece un homenaje al Infante Don Juan Manuel (1282–1348), una de las figuras políticas y literarias más influyentes de la Castilla medieval y protagonista indiscutible de la identidad histórica de Murcia. Nieto de Fernando III y sobrino de Alfonso X, el infante, que ejerció como Adelantado Mayor de Murcia, consolidó su poder en la región durante el siglo XIV.

Pina Nortes recrea una escena cortesana palpitante de vida, en la que el infante aparece ataviado con ricos ropajes y sosteniendo un halcón de cetrería —símbolo de nobleza y alusión directa a su «Libro de la Caça» — el infante encarna aquí tanto su autoridad política como su relevancia literaria, reforzada por su célebre «El Conde Lucanor».

Al fondo del lienzo, elevándose con su presencia inconfundible, aparece el castillo de Monteagudo. Esta fortaleza —residencia de Alfonso X el Sabio durante su permanencia en Murcia— adquiere aquí un valor casi simbólico: es el ancla histórica que sitúa la escena en un territorio concreto, pero también un eco monumental del poder, la cultura y la memoria que atraviesan la obra. Su representación aporta un tono épico, casi legendario, que armoniza con la exuberante vegetación y el cielo agitado que envuelven la escena.

La presencia de acompañantes y cortesanos, refuerza la atmósfera señorial y dota al cuadro de un dinamismo narrativo que trasciende la mera ilustración histórica.

En el contexto del 1200 aniversario de la fundación de Murcia (825–2025), este cuadro se convierte en un evocador recordatorio de la profundidad cultural de la región, situando a Ángel Pina Nortes como un pintor comprometido con la memoria y la historia murciana.

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